miércoles, diciembre 7, 2022
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Alex Pereira, el Campeón de UFC que venció su adicción al alcoholismo

Alex Pereira hoy en día es uno de los peleadores más famosos en el mundo de las artes marciales mixtas y todo gracias a su triunfo en UFC 281 donde venció por TKO a Israel Adesanya para consagrarse como el nuevo Campeón Indiscutido de peso Medio de UFC.

Antes de su triunfo en UFC 281, Pereira era conocido principalmente por ser el único hombre en noquear justamente a Adesanya en una pelea de kickboxing. El seguidor casual de las MMA poco y nada más conocía del brasileño, pues su historia en el deporte era acotada, pues con UFC sólo lleva 4 combates, pero tras aquello hay una historia de superación notable, que le costó, pero tal cual como a su rivales, pudo derrotarlo de manera increíble.

Alex Pereira contó hace un tiempo en una entrevista con Fabricio Werdum todo su drama con la adicción al alcohol, algo que realmente sorprendió a los fanáticos, pues su problema no era simple ya que el brasileño confesó que bebía todos los días y no por un corto periodo de tiempo, sino que por varios años.

«No fue que yo llegué y decidí dejar de beber. Fueron cuatro años en la pelea. Si yo no paraba, no sería nadie en el mundo. No consumí nunca más nada. Nunca me metí en drogas, pero mi problema era la bebida. Yo tomaba todos los días. Bebía un litro por día en promedio«.

El brasileño señaló que el deporte le ayudó a superar este infierno: «Tenía hasta horarios para beber. Yo estaba con miedo, pero hoy veo la necesidad. ¿Cuántas personas no sufren con problemas de alcohol y drogas? Hoy, las personas tienen la oportunidad de saber que pueden salvarse, por medio de ayuda y en el deporte».

El kickboxing fue la gran salvación para el paulista, que vio en esa modalidad, una escapatoria a la bebida, ya que estaba destruyendo su vida: «Bebía como un loco. Fue entonces cuando pensé que el deporte me salvaría. En el fútbol no me podía refugiar, porque no sabía jugar. Pero yo sabía que tenía un don para pelear y busqué las artes marciales».

El luchador también señaló que no podía controlar la cantidad de bebida que tomaba al día: «Además de aprender a trabajar, aprendí a beber. No tenía control y cada vez tomaba más y más. Yo estaba pensando que: «Cuando quiera parar, yo paro», pero no fue así. Una vez paré por dos meses, pero luego volví con todo», finalizó.

Una niñez complicada

A la edad de 12 años, Alex Pereira, había decidido que la escuela no era para él y decidió dejarla para ponerse a trabajar. Se había encontrado un trabajo en un taller de neumáticos, que también ofrecía algunos servicios mecánicos, y eso era mucho más interesante para él. 

A partir de entonces, el joven brasileño pasó hasta diez horas al día arrastrando neumáticos, cubiertos de aceite y mugre. Era una llantera concurrida, donde además vendían cachaca helada (ron  brasileño hecho de caña de azúcar), el cual también consumían los trabajadores para pasar la jornada laboral.

Al principio repelido por el sabor del alcohol, Pereira gradualmente comenzó a tolerarlo y luego desarrolló un gusto por él. Pronto, estaba bebiendo tanto como sus colegas.

“Para cuando tenía 16 años, bebía alrededor de un litro de ron al día en el trabajo, generalmente con algunas cervezas mezcladas también”, contó en una ocasión al ser entrevistado por el sitio de GLORY kickboxing, agregando que “Yo era un alcohólico, un alcohólico en toda regla. Ese era solo el estilo de vida de trabajar en ese lugar. No conocía nada diferente. Simplemente se apoderó de mí”. 

La bebida continuó después del trabajo también. Ya sea con compañeros de trabajo, amigos o simplemente sólo en su casa, Pereira a menudo pasaba las noches bebiendo aún más alcohol.

Con frecuencia se encontraría involucrado en peleas y enfrentamientos. La mayor parte del tiempo era capaz de valerse por sí mismo, debido a su poder e instintos naturales, pero empezó a ocurrírsele la idea de que tal vez debería aprender a pelear correctamente.

Entonces, a la edad de 21 años, se encontró caminando por primera vez en un gimnasio de kickboxing. Fue una decisión que cambiaría su vida y, en el proceso, desbloquearía aspectos previamente desconocidos de su herencia e identidad.

“Soy 100% nativo de Brasil”, dice Pereira. “No hay europeo-brasileño en mí, no hay afrobrasileño en mí. Mis padres son ambos de las tribus nativas que vivieron en Brasil antes de que nadie más viniera aquí”.

El padre de Pereira proviene del norte de Brasil, que está muy cubierto por selva tropical y escasamente poblado en comparación con el sur más desarrollado e industrial. Se mudó a Sao Paolo en busca de trabajo y una vida mejor, donde conoció a la madre de Pereira. Se establecieron y formaron una familia, lo que resultó en siete hijos, tres niñas y cuatro niños. Alex fue su tercer hijo. 

Hubo más trabajo en Sao Paolo pero también más gastos. El dinero escaseaba y, aunque los padres de Pereira hicieron todo lo posible, el salario de su padre como trabajador de la construcción significaba que tenían que vivir en un barrio «bastante malo», «no en la favela pero no muy lejos», según explicó Pereira.

La herencia y las tradiciones nativas no eran temas que surgieran con frecuencia en la densa expansión urbana en la que creció Pereira. Pero cuando se unió a su primer gimnasio de kickboxing, resultó ser un equipo formado por brasileños nativos y así, Pereira terminó aprendiendo no solo el arte y la ciencia del kickboxing, sino también sus propias raíces y herencia.

 “Una vez que comencé a aprender sobre eso, solo quería aprender más y más. Fue fascinante para mí. Y me ha hecho más espiritual, más en contacto con mi ascendencia”.

En la mano izquierda de Pereira hay un tatuaje de rocas y guijarros. En la lengua nativa tupi , ‘Po’ es la palabra para mano y ‘Atan’ significa algo sólido, denso, parecido a una piedra. Su apodo ‘Poatan’ se traduce como ‘Mano de piedra’.

Hace un tiempo, Alex Pereira fue consultado de por qué quería pelear al más alto nivel, a lo que «Poatan» dijo: “Mi sueño es llegar a un nivel en el que los patrocinadores y el dinero de las peleas sean suficientes para poder comprarle a mis padres una casa en un mejor vecindario, ayudar a mis hermanos y hermanas, sobrinas, sobrinos… todo eso depende de que siga peleando y sea campeón. Sólo depende de mí y no hay forma de que me quiten eso”.

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