Zlatan Ibrahimovic, el cinturón negro de taekwondo al que rechazaron

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Si de chico le hubiese hecho caso a su padre, Sefik, probablemente Zlatan Ibrahimovic hubiera seguido los pasos de su tío Sabahudim y hoy sería boxeador. Lo rechazó a tiempo, siempre siguió su pasión por el fútbol, pero la afición por los golpes y la pelea lo marcaron, por eso su primer deporte estuvo muy lejos de una pelota. “Mi primer amor deportivo fue el taekwondo”, reconociendo que aplica adentro de una cancha, lo que aprendió de las artes marciales.

Pese a las presiones de su papa Zlatan abandonó rápidamente el boxeo y se dedicó al fútbol, aunque nunca dejó de practicar taekwondo. Ya desde chico mostraba toda su destreza con la pelota, lo que llevó incluso a Arsène Wenger, el histórico técnico de Arsenal, a fijarse en él. Sin embargo, Ibrahimovic rechazó la posibilidad de jugar en el equipo inglés, por que él “no hace pruebas”. “Nunca me hizo una oferta seria, yo no hago audiciones (pruebas), creo que fue la mejor elección”, señaló años después.

Con su padre bosnio y su madre croata, el sueño de Ibrahimovic era jugar en Bosnia y Herzegovina. Su padre envió una carta a la Federación de ese país, cuando su hijo tenía 17 años, pero lo rechazaron. Se sintió frustrado y hasta amenazó con dejar de jugar al fútbol. Siguió adelante en las juveniles de Suecia y años después, Bosnia volvió a buscarlo, para integrar un equipo Sub 21. “Mayores o nada”, respondió Zlatan. Fue nada. “Tengo pasaporte sueco pero sangre bosnia. Si estaba en condiciones de elegir, elegía Bosnia”, reconoció, aunque su deseo nunca se concretó.

“Maldito gitano”, rezaba el cartel con el que los hinchas de Juventus lo recibieron cuando jugaba en Inter. Fue multa para el equipo de Turín, que catapultó a Zlatan a la fama, cuando ocupaba el lugar de un David Trezeguet aquejado por lesiones. Pasó por Inter y llegó a Barcelona y PSG. Su fuerte personalidad lo llevó a chocar con las dos grandes figuras del club Catalán: celos a Messi y pelea a los gritos con Guardiola, por estar en el banco. “Si yo hubiese sido Guardiola, hubiera tenido mucho miedo”, señaló en su libro “Yo, Zlatan”.

Su estadía en la selección sueca no fue menos problemática. En 2001 debutó oficialmente, integró el plantel que igualó y eliminó a la Argentina de Bielsa en Corea-Japón 2002 y renunció dos veces: tras el Mundial 2006 y tras Sudáfrica 2010, por “falta de motivación”. A pese a ser el centro de varias críticas por abandonar algunas concentraciones, todos los técnicos lo convencieron para que vuelva.

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