UFC 5: La pelea más sucia de la historia, que provocó el cambio en las MMA

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Era el 7 de abril de 1995 y estaba por comenzar la primera pelea del torneo de UFC 5 dentro de la Arena Independence en Charlotte, Carolina del Norte. Mientras Jon Hess caminaba al octágono, se quitó la playera y su panza se formaba como una cascada que iniciaba en su barbilla. “[Hess] dice que está en tremenda forma”, dijo el anunciador Jeff Clatnick incluso al ver su abdomen tembloroso. “Puedes no creerlo por cómo luce, pero eso es lo que dicen sus credenciales”.

Blatnick también dijo que Hess, de dos metros de altura y 130 kilos de peso, era un maestro en su arte marcial, Tecnología Científica Agresiva de las Peleas (SAFTA por sus siglas en inglés). Mientras tanto, Andy Anderson —el pelirrojo de 100 kilos que parecía un personaje de “El Rey de la Colina” esperando en el octágono— supuestamente tenía un cinturón negro en taekwondo, rankings en otras artes marciales y un récord de 86-0 en “peleas a puño limpio”.

Los pezones de Anderson sobresalían de una playera de decía “Kick Ass” en la espalda, mientras que Hess vestía una expresión de malevolencia como de un niño que tortura animales.

¿Pero por qué recordar algo de hace 26 años y especialmente si pudo ser la pelea más objetivamente torpe que se haya presentado en una cartelera?

Desde el momento en que el anunciador Ron Jeremy —su nombre real— Hess versus Anderson reveló su verdadera naturaleza de brutalidad y comedia. Las palabras son un pobre sustituto de lo que sucedió.

Al ver las técnicas de Hess, el SAFTA aparentemente se basa en lanzar codos a la columna, patadas cómicas y rudeza: siempre estaba apuntando los dedos a la cara y ojos de su oponente.

Mientras tanto Anderson buscaba derribos y estrangulaciones con una mano mientras parecía a punto de caer hasta que Hess rodó y Henderson —mucho más vivaz en comparación— se las arregló para levantarse. Hess buscó agarrar el cabello de Anderson desde dentro de la guardia que no sabía cómo usar y aunque Anderson eventualmente se pasó a los cien kilos, el final llegó pronto.

Hess se puso de pie y lanzó un par de golpes, tumbó a Anderson y lanzó un par de patadas de futbol. John McCarthy, entonces con cara de bebé, detuvo la pelea después de un minuto y 23 segundos de pura porquería.

Hess no continuó en el torneo de UFC 5 debido a las lesiones y supuestamente fue multado con dos mil dólares por romper las pocas y simples reglas de UFC en sus inicios. Una década después de la pelea, hablando con Sherdog, aún no tenía remordimientos. “No estoy de acuerdo con que la pelea haya sido sucia ya que el UFC se promocionaba diciendo que no tenía reglas”, dijo Hess. “Si no hay reglas, ¿cómo puedes entonces romperlas?”.

Sin embargo, Anderson ahora ve las cosas de manera diferente. Literalmente.

“En lugar de pegar, me rasguñó los ojos mientras estábamos de pie”, Anderson dijo sobre Hess en No Holds Barred: The Complete History of Mixed Martial Arts in America del escritor Clyde Gentry. “Luego continuó rasguñando y golpeándome. Finalmente lo llevé al piso y me coloqué encima de él y metió un pulgar en mi ojo así que no podía ver. Luego mordió mi mano, agarró mi nuca y metió un pulgar en mi ojo, sacándolo de su lugar. Perdí el 20 por ciento de la visión periférica en mi ojo derecho”.

Anderson nunca peleó de nuevo y regresó al radar en 2010 después de supuestamente unirse a la hermandad aria, fue acusado de conspiración para distribuir metanfetamina y lavado de dinero, y fue sentenciado a 30 años de prisión. Hess peleó una vez más en octubre de 1996 en Superbrawl 2 en Hawái.

Jon Hess versus Andy Anderson sigue siendo una pelea increíble, así como el programa Los Videos Más Divertidos. Fue una pelea de parodia, fea, llena de faltas, sin ley perpetrada por dos tipos que eran la caricatura viviente del cliché del peleador de cantina. No hubo nada deportivo sobre su diferencia de 30 kilos. Es algo que no podías seguir consumiendo sin hartarte sin sentir repulsión.

Y tuvo un resultado lógico. No tuvo divisiones de peso, ni límites de tiempo y tampoco reglas funcionales para los esfuerzos de los Gracie por promocionar la naturaleza de su arte familiar, pero no es así como se hace un deporte. Era una invitación abierta para que los abusones y maestros de su propio arte marcial improvisado encontraran notoriedad mientras esperaban a que Royce Gracie los estrangulara.

Cuando el clan Gracie dejó de apoyar a UFC después del empate contra Ken Shamrock más tarde esa misma noche las riendas de UFC se aflojaron. Sin ninguna obligación por ser la herramienta publicitaria del jiu-jitsu brasileño, existió la posibilidad de ver qué sucedía. Poco a poco y luego de muchos años el deporte encontró estructura. Con márgenes establecidos, los peleadores pudieron desarrollar sus habilidades combativas en rounds de cinco minutos, con tres jueces y tarjetas de puntos además de reglas unificadas. Con el tiempo, comenzaron a entrenar más disciplinas, evolucionaron de golpeadores en el suelo, a peleadores completos. Ahora, los atletas con abdomen marcado en lugar de panza como Hess son parte del escenario.

Olvidamos que el MMA actual al menos en el aspecto competitivo, representa progreso. Por esa razón es tan irritante escuchar peticiones para que regresen los días de antaño, o sobre realidades alternas en las que las divisiones de peso y los rounds desaparecería, como si cuando tipos vestidos con pants lanzaban golpes salvajes hubiera sido un mejor tiempo, uno más puro. Para aquellos que le temen al mañana, la comodidad se encuentra en la familiaridad del ayer. Dejemos que Hess versus Anderson sea un recordatorio para los nostálgicos que quieren hacer que el MMA sea bueno otra vez: el ayer era horrible.

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