Lola Dos Pistolas: Luchador de MMA y Drag Queen:

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No es descabellado afirmar que el mundo de las artes marciales mixtas y el de las drag queens rara vez se entrelazan. Pero en el caso de Diego Garijo —un optimista hombre de 41 años que tiene el cuerpo lleno de tatuajes parecidos a los de los reclusos y que se ve a sí mismo como luchador, pintor y artista completo—, estas dos modalidades artísticas se unen.

Nació en Guanajuato (México) y llegó a Estados Unidos clandestinamente siendo niño. Después de cumplir varias sentencias en prisión de joven, comenzó su trayectoria como luchador profesional de MMA en 2006. Se aseguró siete victorias en el cuadrilátero hasta que un desprendimiento de retina pausó su progreso. Pero una pérdida parcial de la visión no bastaría para apagar sus ganas de luchar. En 2018, Garijo se adentró en un deporte aún más sangriento: el boxeo a puño limpio, en el que posee una victoria y una derrota.

En el cuadrilátero Garijo es conocido como el feroz Dos Pistolas, pero en el mundo del drag es la famosa Lola Pistola. Lleva actuando como Lola más de un año y lo ve como una extensión natural de su creatividad. En su opinión, el drag y las artes marciales mixtas no son disciplinas opuestas. De hecho, cree que funcionan bien juntas.

Diego. ¿Qué duele más: un puñetazo en la cara o depilarse las piernas con cera?

Garijo: La cera es fatal, ¿pero sabes qué es peor? Romperse una uña acrílica. Es una pesadilla. En cuanto a los puñetazos en la cara, no me molestan.

¿Estás acostumbrado a que te golpeen la cara?

Sí, puedo aguantar los puñetazos. No soy un luchador muy técnico, pero lo doy todo en una pelea. Solo sigo luchando, sin importar dónde me golpeen. Por eso, a menudo venzo a luchadores que son mejores que yo.

¿Por qué empezaste a boxear a puño limpio?

Me retiré del combate profesional en 2012 después de que mi retina se desprendiera. El médico pudo salvar mi ojo, pero ya no funciona muy bien. Me advirtió que me podría pasar lo mismo en el otro. Pero yo no estaba listo para renunciar a la lucha. Así que me metí en el boxeo a puño limpio. Quería probar sin los guantes. Quería sentirlo de verdad. Me encanta luchar. Probablemente me arriesgaría a quedarme ciego para seguir luchando.

¿Cómo empezaste con el drag?

Tengo una foto de cuando tenía seis años en la que salgo con el sujetador y las bragas de mi madre. Me crió sola y yo tenía un par de primos gays, así que no estuve expuesto a muchos estereotipos masculinos tradicionales. Quizás por eso puedo ser muy femenino. La gente se pregunta si soy gay, pero no entiende que la feminidad y la sexualidad son cosas completamente diferentes.

¿Pero qué hizo que te apasionaras por el drag?

Hace unos años, hice un curso de inteligencia emocional. Nos dijeron que teníamos que salir de nuestra zona de confort. Me gusta hablar en frente de mucha gente y ser el centro de atención, pero cuando la palabra drag me cruzó la mente, dije: “¡Caray, eso es!”. Me metí de lleno. Tuve clases de baile, me agujereé las orejas y me depilé con cera. Aprendí a caminar con tacones y alguien me ayudó con los vestidos.

¿Qué energía llevas a las actuaciones de drag?

Antes de la primera actuación, me sentía igual que antes de un combate. Cuando empecé con las MMA, me sentaba en el mismo vestuario que mi contrincante antes de la pelea. Nos sentábamos, mirándonos el uno al otro, preguntándonos: “¿Podré vencerlo?”. Me sentí igual en la primera competición de drag. Una habitación diminuta, ocho adultos, todos midiéndose los unos a los otros. Pero yo no estaba nervioso. Tengo nervios de acero. O quizás soy demasiado estúpido como para asustarme.

¿Te aceptaron de inmediato en la comunidad drag?

Recibo mucho amor de gente del mundo drag, al igual que de las comunidades trans y gay. Pero también de luchadores fuertes y duros. Quizás ellos también esconden algo de sí mismos que les gustaría sacar a la luz más. Todo el mundo tiene secretos, es normal.

¿Ves similitudes entre las artes marciales profesionales y el drag?

Las artes marciales nos muestran la belleza de los humanos que superan una gran resistencia. El drag consiste en superar la masculinidad tóxica. La gente trans de color en particular está entre las personas más oprimidas y tienen tasas de suicidio muy altas. Deberían ser apoyadas en vez de marginalizadas.

¿De dónde te viene esa sed por los extremos?

De niño, estaba convencido de que el mundo se iba a acabar. Cuando tenía unos seis años y vivíamos en México, un misionero tocó a la puerta de mi casa. No contesté, pero a través de la puerta, me dijo que estábamos viviendo “el final de los tiempos”. Eso se me quedó grabado. Si había algún desastre natural en las noticias, pensaba que se acababa el mundo. Quizás por eso soy una persona tan impulsiva.

¿Entonces no es una decisión consciente?

Mucho de lo que hago tiene que ver con que de pequeño sufrí acoso escolar. Me hizo sentirme pequeño, como un extraño. Siempre me he avergonzado de todo. Quizás por eso he creado una personalidad que no tiene vergüenza. Me humillaron tanto de niño que juré que nunca más dejaría que ocurriera de nuevo. Por eso di un paso adelante en el combate cuando todos los demás darían un paso atrás. Pero llevo el trauma de mi infancia conmigo todo el tiempo. Me enfrento a él todos los días.

¿Pero parece que has encontrado una válvula de escape para tus problemas?

Sí. El arte y la lucha. En los días malos, voy a entrenarme y entreno a mis compañeros. No porque quiera golpear a otros, sino porque quiero que me den un par de puñetazos a mí. Entonces, me siento mejor. Cuando lucho, todos los problemas desaparecen; lo único que importa es ganar la pelea.

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