Ramon Dekkers, «el Diamante» que se fundió antes de tiempo

0
959

Nota realizada por ABC Deportes

El diamante es el mineral por antonomasia. El más preciado del mundo por sus características físicas y ópticas. Por eso, a Ramon Dekkers (1969-2013) se le conocía como «the Diamond» (el Diamante). Porque era un luchador cercano a la perfección. De golpes fotogénicos. Un deportista que atrajo a las masas y fue capaz de coronarse en el muay thai siendo extranjero en Tailandia, la cuna de esta disciplina. Su leyenda se forjó como esta piedra preciosa: con las más extremas condiciones de presión y temperatura. Sus dotes técnicas eran superlativas, amén de los 95 nocauts que realizó a lo largo de su carrera. Su dureza en combate, envidiable. Y, además, era la conductividad hecha humano, capaz de transmitir las energías positivas de este deporte, ciertamente denostado en el continente europeo.

El legendario luchador holandés se consagró ocho veces campeón mundial de muay thai, pero antes tuvo que recorrer un áspero camino repleto de peleas (221 combates, 186 victorias -95 KO’s-). Ramon Dekkers (1969, Breda) se introdujo en el mundo de las artes marciales con apenas 12 años en la disciplina de judo. Aprendía muy rápido. Poco tiempo después amplió horizontes y comenzó a practicar boxeo. Pero también se le quedaba corto. Meses más tarde ya estaba inmerso de pleno en el mundo del muay thai, dejando de un lado el oficio en el que se había educado: la panadería. Tuvo la suerte de que su manager fue Clovis Depretz, que también representaba a Rob Kaman, un gran campeón. Entrenó mucho con él y ampliaron su nivel extraordinariamente, hasta tal punto que, en Tailandia, los seguidores le conocían como «The Double Dutch» (el dúo de holandeses).

Dekkers fue un chico prematuro para todo. Por desgracia hasta para morir. A los 16 años hizo su primer combate y ganó con un espectacular nocaut contra un boxeador veterano. Solo pesaba por aquel entonces 55 kilos, pero su brutal golpeo ya hacía mella en sus rivales. Batalla tras batalla, se empezó a ganar el prestigio de luchador noqueador. Su golpeo era seco, rápido, fuerte, efectivo. A los 18 años sumó a su vitrina el primer título tras vencer el campeonato alemán MTBN en 1987. High kick (patada alta). No necesitaba más. Un martillo en el empeine. Una ejecución potente e inmejorable que desfiguraba el rostro de sus contendientes. El impulso que necesitaba le llegó en 1988 cuando se proclamó campeón europeo de peso pluma NKBB contra Keven Morris, al que derrotó en una decisión unánime. En el combate de aguante mostraba una dureza excelente.

Combate tras combate su récord estaba en un ascenso vertiginoso. Pero no todo es alegría y color. Como los grandes campeones, tuvo que conocer el amargo sabor de la derrota. Con 19 años se batió en duelo con Gilbert Ballatine, que entrenaba en el prestigoso gimnasio Chakuriki de Ámsterdam. Dekkers perdió por decisión. Aquí nació una rivalidad de esas que hacen mejorar a quien participa de ella. El luchador holandés subió varios peldaños de golpe hacia el estrellato en 1990 en París. Allí le quitó el título mundial del peso wélter IMF a Nongkee Pahuyuh, un nombre tan díficil de pronunciar como complicado de ganar. Sí, era tailandés. Un europeo dando lecciones de muay thai a los inventores de este deporte. Es cierto que más tarde peleó en Bangkok y perdió. Y que se sucedieron muchas batallas en el país asiático en las que obtuvo todo tipo de resultados. Pero solo el coraje de enfrentarse contra todo rival que se le ponía delante en aquellas tierras, con la extrema presión que eso suponía, arrastró la admiración de todo el mundo.

Dekkers asombró en Tailandia. De hecho, una de las mejores rivalidades de la historia del muay thai es la que le enfrentó en numerosas ocasiones contra Coban. En el primer encuentro fue noqueado con un gancho. En la revancha el holandés le noqueó de una forma brutal. En el tercero perdió por una controvertida decisión. Pero las cosas no podían quedar así. No si Dekkers no se lo quería permitir. Y ganó el cuarto combate para dejar en tablas el asunto. Durante esta época, fueron muchas las peleas que realizó, campeonatos del mundo en los que salió victorioso incluidos.

Ya corría el año 1996 cuando Dekkers se impuso a Hassan Kassrioui por decisión unánime en Ámsterdam, tras ganar el WPKL, campeonato mundial de kickboxing en el peso wélter. La energía y potencia que el holandés tenía en sus golpes pese a medir 172 centímetros y pesar 72 kilos no tenía parangón. Pero la extensa carrera llena de crueles batallas empezaba a pasarle factura. Las lesiones no perdonan. Con todo, nunca rehuyó ninguna pelea y luchó con los mejores peleadores que competían en Tailandia. Con sus reglas, donde la forma de puntuación variaba con respecto a Europa. «Es muy difícil ganar en Tailandia a no ser que noquees a tu oponente. Perder a los puntos es muy normal allí y puede ser frustrante», explicó hace años.

Su último combate en muay thai lo realizó frente a Marino Deflorin en 2001. Rotterdam fue el escenario inmejorable para despedir a una leyenda de este deporte. La pelea terminó en el cuarto asalto con un nocaut de Dekkers sobre su oponente. Rob Kaman (que siempre estuvo en su esquina) y el resto de su equipo, el Golden Glory, bajaron a hacerle los honores. Aunque realmente los honores fueron otros, y mucho más trascendentes. Con motivo del 85 aniversario del Rey de Tailandia, «el Diamante» recibió un premio de la Familia Real del país asiático por su contribución al crecimiento del muay thai. «Es el mayor reconocimiento que puedo conseguir de lo que he logrado en este deporte», dijo entonces. Además, fue nombrado embajador de todos los luchadores extranjeros en Tailandia.

Realmente no necesitaba más tiempo para demostrar nada. Ya lo había hecho. Abrió la puerta de los europeos en el camino a la cuna del muay thai. Pero ya se sabe lo injusta que es en ciertas ocasiones la vida. Ramon Dekkers se dedicaba a promover los deportes de contacto desde su retiro. En especial el muay thai y el kickboxing. Y estaba muy emocionado en su nueva etapa profesional. Desde la cercanía seguía involucrado en sus gimnasios y en la búsqueda de nuevos talentos del deporte. Incansable. El 27 de febrero 2013 se recordará como un día negro en la historia del muay thai. Dekkers salió a dar una vuelta en bicicleta por su Breda natal. Y se desplomó. Un repentino ataque al corazón se lo llevó a los 43 años. «Que emocionante se ve el futuro para el kickboxing… Glory Londres, Glory Estambul, Glory Milán», fue el tuit que escribió horas antes de que se fundiera «el Diamante» para siempre.

Te damos las gracias por suscribirte a Nuestro Canal de Youtube... Dale click al ícono y síguenos

Comments

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here