Te damos las gracias por suscribirte a Nuestro Canal de Youtube
Fiona Chrystal, una joven de Glasgow, Escocia, vivió toda su adolescencia en una lucha campal contra su cuerpo. Por lo que a los 18 años le diagnosticaron anorexia nerviosa crónica: Pesaba 30 kilos y le dijeron a ella y a su madre que no sobreviviría si no cambiaba sus hábitos urgentemente. Desde entonces, fue el comienzo de una guerra por su supervivencia que no estaba segura de querer ganar.
A la luz de la mañana escocesa, Fiona levantaba el hervidor de la estufa y vertía el agua hirviendo sobre la mitad de una galleta de Weetabix, un cereal semejante al trigo triturado. Y eso era el desayuno. Ocho horas después, ella comía lo mismo por segunda y última vez en el día. Y eso era, a lo sumo, en los mejores días.
El Cambio
“Caí en las artes marciales por accidente”, asegura Fiona. “Tomé una clase mientras iba a la universidad y sentí que esto era para mí”, descubriendo que le apasionaba pelear, que al golpear las bolsas de arena por fin podía expresar en alguna parte la tormenta que llevaba adentro. Sin embargo, el hambre y el cansancio dificultaban sus movimientos.
Poco a poco comenzó a comer más y mejor, cuidando cada vez menos la línea y más la salud de su cuerpo. Desarrolló musculatura y aunque Chrystall reconoce que su batalla con la anorexia probablemente nunca acabe, el entrenamiento para luchar se ha convertido en la terapia saludable que ella asegura que necesitaba para una actitud natural “súper competitiva” de “todo o nada”.
“Ahora me enfoco en ser fuerte, estar en forma y saludable, en lugar de parecer un esqueleto”, asevera. “Todavía tengo estos pensamientos, pero en un lugar donde puedo lógicamente luchar contra ellos”.
Los resultados del cambio de Chrystall, como se muestran en una publicación de Instagram que se volvió viral a principios de este mes, han sido sorprendentes:
La foto de “antes”, tomada hace siete años, muestra a una Chrystall extremadamente delgada y en los huesos, con los ojos grandes, hundidos y, sí, de alguna forma desafiantes.
De vez en cuando durante este período de tiempo, los amigos o la familia de Chrystall entraban en pánico y la llevaban al hospital. Una vez allí, los médicos y las enfermeras forzaban un tubo de alimentación desde su nariz hasta su estómago como un medio para proporcionar nutrición de emergencia.
Esto ocurrió en siete ocasiones.
Los médicos le sugirieron a la familia de Chrystall que se alistar para lo peor.
“A las 18 a mí y a mi madre nos dijeron que yo era una causa perdida”, escribió junto a esa publicación. “La había tenido tanto tiempo y estaba tan avanzada que probablemente sería siempre una anoréxica crónica. En ese momento me contentaba con cualquier cosa, no tenía ganas de mejorar. Pero sé que a las niñas a las que se les ha dicho lo mismo tratan de hacer hasta lo imposible. En ningún momento la recuperación es irrealizable. Es posible y es maravillosa”.
Tras años de negarse a seguir seriamente un tratamiento o incluso a reconocer el problema, Chrystall finalmente comprendió la complejidad del problema cuando tenía 18 años. Esa decisión desembocó en un largo proceso de recuperación.
“De repente me dije: ‘No puedo hacerme esto a mí o a mi familia’. Fue un proceso muy lento con muchos altibajos. Nunca quise mejorar. Hay toda una mezcla de circunstancias mentales físicas y emocionales envueltas en esto. De por sí comer no te va a mejorar. Esto es muy difícil de entender para quien no lo ha sufrido”.
Laura Moretti, especialista en nutrición clínica y experta en trastornos alimenticios de la División de Medicina del Deporte del Hospital Infantil de Boston, asegura lo siguiente acerca de la psicología subyacente de los trastornos alimenticios: “Te pones presión para alcanzar tus propios objetivos. La forma en que lo enfrentas te hace querer ir más allá”.
Muchas de las fotos la muestran golpeando sacos de boxeo y ejercitándose en el Jackson Wink MMA Academy en Albuquerque, Nuevo México, lugar donde entrena Jon Jones, Holly Holm y Alistair Overeem entre otros.
Mientras entrena, está experimentando cómo la sigue un flujo interesante de usuarios de redes sociales que vieron una o más de sus publicaciones.
“Hice que mucha gente me enviara fotos y donaciones”, dice. “Esto es todo un poco loco, pero se trata de la conciencia sobre la enfermedad. ¡Entre más conciencia, mejor!”.
Según la Asociación Nacional de Trastornos de la Alimentación (NEDA, por sus siglas en inglés), 20 millones de mujeres y 10 millones de hombres tienen trastornos alimentarios sólo en Estados Unidos. Para obtener más información sobre la anorexia y otros trastornos alimentarios, visita el centro de recursos de NEDA.